A todos alguna vez el vecino de al lado (o de encima, o de abajo) no nos ha dejado conciliar el sueño. Fuese por tener la televisión a un volumen inhumano, por ser el sufridor padre de un bebé llorón o por montar una fiesta de cumpleaños que se fue de las manos. Cuando son cosas así, se trata de hechos aislados, esporádicos, a los que no deberíamos dar mayor importancia. Al fin y al cabo, en cualquier momento podemos nosotros a pasar a ser vecinos molestos por un día.  Pero, ¿qué sucede cuando los ruidos son el pan de cada día y se convierte en algo que verdaderamente perjudica a nuestra calidad de vida? Pues bien, a continuación, trataremos los mecanismos legales que tenemos disponibles para solucionar el problema.

Podemos acudir al ordenamiento jurídico para protegernos. Si se trata de un vecino, la ley principal a la que acudir, como en cualquier otra vicisitud relacionada con las Comunidades de Propietarios o de Vecinos, será la Ley de Propiedad Horizontal. Esta ley declara que ningún vecino, ya sea propietario o inquilino, no puede realizar actividades molestas, ilegales o peligrosas. Se considera actividad todo aquello que sea reiterado, habitual o estable en el tiempo. Se considera como molesto, ilegal o peligroso las siguientes actividades:

  • Aquellas que se encuentren expresamente prohibidas en los estatutos de la Comunidad de Propietarios en cuestión. Para que sean válidas las prohibiciones, además de respetar lo que por imperativo se establece en la ley, deberán encontrarse inscritas en el Registro de la Propiedad.
  • Aquellas actividades que se considere que causen o que puedan causar daños para la finca.
  • Aquellas que sean contrarias a las disposiciones generales sobre actividades molestas, nocivas o peligrosas. Se considerarán así aquellas actividades que resulten incómodas para terceras personas, de forma notoria y ostensible. Para considerar que la actividad es tal, deberá estar revestida de la gravedad suficiente. Para valorar si es suficientemente grave o no, se tendrá que atender al caso concreto.

Respecto al caso concreto del ruido, podemos acudir a la Ley 37/2003 del Ruido, donde se establecen las medidas contra la contaminación acústica. Pero, ¿qué podemos considerar como contaminación acústica? Se tratará de contaminación acústica toda aquella presencia de ruidos o vibraciones en el ambiente que supongan molestias, daños o riesgo de producir daños a las personas, al desarrollo de sus actividades cotidianas o para los bienes, sea de cual sea su naturaleza. También se considerará como tal aquellos ruidos o vibraciones que causen daños en el medio ambiente.

Respecto a los límites de ruido, para saber cuáles son aplicables tenemos que acudir a las Ordenanzas municipales. Es competencia de cada ayuntamiento determinar qué considera contaminación acústica y qué no. La mayoría de ordenanzas dividen el día en dos períodos, uno nocturno y otro diurno. Normalmente, y cómo es lógico, el periodo correspondiente a la noche, para respetar el descanso, será bastante más estricto, teniendo un límite más bajo. Como ejemplo, las legislaciones de la Unión Europea consideran los límites de 65 decibelios durante el día y 55 durante la noche.

Una vez que tenemos claro qué se puede considerar ruido y qué no, el siguiente paso sería determinar con concreción cuál es el origen de ese ruido que tanto nos está molestando. Puede ser un ruido interno, proveniente del clásico vecino molesto, pero también puede ser externo, y que provenga de algún bar cercano u otro edificio.

Si confirmamos nuestras sospechas y el origen o fuente del ruido es uno de nuestros vecinos, la primera vía a la que tenemos que acudir es a la amistosa. Es decir, acudir al domicilio del vecino ruidoso y solicitar, amablemente, que cese en su actividad molesta o que, al menos, la modere hasta un límite soportable. Normalmente con este toque de atención será suficiente y la convivencia podrá volver a ser adecuada.

No obstante, en algunas situaciones, el vecino continúa con su actividad e incluso la aumenta. En ese caso, el Presidente de la Comunidad de Vecinos podrá ponerse en contacto con el vecino, una vez que nosotros se lo hayamos comunicado. Lo mejor sería que la queja al Presidente constase por escrito, identificando en la misma qué vecino nos está causando perjuicios y cuáles son esos perjuicios.

Si pese a la comunicación del Presidente de la Comunidad el vecino sigue haciendo caso omiso, se podrá convocar Junta de Propietarios e incluir en el orden del día la posibilidad de tomar medidas legales contra el vecino ruidoso. Para que se lleven a cabo estas medidas por parte de la Comunidad, los propietarios deberán aprobarlo por mayoría simple.

La acción que se llevará a cabo es la “acción de cesación”. Esta tiene como objetivo final que el vecino ruidoso, que tomará el papel de demandado, cese de realizar su actividad y no la vuelva a reiterar. En la demanda se deberán incluir todos los medios de prueba precisos para demostrar que, efectivamente, el vecino molesto está llevando a cabo actividades que sobrepasan los límites de ruido establecidos. Para probar esta conducta, será necesario que se realice lo que se denomina una medición acústica, es decir, una prueba técnica mediante un sonómetro que establezca el nivel de decibelios de la actividad en cuestión. Esta medición puede ser llevada a cabo, o bien por un perito particular contratado por los demandantes, o bien por la Policía. También se deberá adjuntar a la demanda la prueba de que se ha requerido al infractor sin resultado y de que la Junta ha acordado tomar las acciones judiciales oportunas.

La acción de cesación se tramita mediante un juicio ordinario. El Juez, como medida cautelar, puede establecer que la actividad cese de inmediato. También podrá determinar todas aquellas medidas que considere convenientes.

La sentencia dependerá de la gravedad del caso concreto y del culpable de los ruidos. Si el causante de los ruidos era también propietario de la vivienda, se podrá interponer una prohibición de uso de la vivienda de hasta tres años. Si el culpable, en cambio, era el inquilino, se podrá declarar extinguido su derecho de arrendamiento y proceder a su lanzamiento.

En cambio, también puede determinarse que el culpable en sí no era el vecino, sino que los ruidos provenían de un defecto en la construcción del edificio. En este caso, corresponderá a la constructora poner una solución al respecto.

Se podrá solicitar, además, una indemnización de daños y perjuicios, considerando como tales los gastos que haya provocado la contratación de perito para la medición o los honorarios del administrador correspondientes a las juntas extraordinarias que se hayan podido realizar. Pero no se conceden en todos los casos.

Si necesita asistencia para un caso análogo o cualquier otra cuestión, nos ponemos a su disposición. Puede ponerse en contacto con nosotros cuando lo desee.