El Impuesto sobre el Valor Añadido, mejor conocido como IVA, es, junto con el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), el tributo del que la población general tiene un mayor conocimiento. Pero, aunque la mayor parte de la población lo conozca, son muchos menos los que conocen su funcionamiento, que es lo que vamos a intentar aclarar con el siguiente artículo, aunque sea a grandes rasgos.

El Impuesto sobre el Valor Añadido se aplica en el Mercado Común europeo desde el año 1968 y, desde entonces, se ha intentado conseguir una armonización entre los países miembros, cada vez más cercana.

Podríamos definir este impuesto como el gravamen que se impone sobre el valor añadido en cada una de las fases de producción que atraviesa un bien. El valor añadido del bien al final del proceso resultará igual a la suma de los valores añadidos en cada fase de producción. Al tratarse de un impuesto que grava los productos de consumo, se clasifica como un impuesto indirecto ya que no repercute sobre los ingresos de las personas, sino que recaen sobre una manifestación de la capacidad económica, como es el comprar un bien. En cambio, los impuestos directos, como el IRPF, recaen directamente sobre los ingresos de las personas y, por lo tanto, son proporcionales a ellos. Además, el IVA es un impuesto en el que resultan irrelevantes las características personales del sujeto obligado a abonarlo, como si se tienen en cuenta en otros impuestos como el IRPF.

El texto en el que tenemos que encontrar la regulación del Impuesto sobre el Valor Añadido es la Ley 37/1992, de 28 de diciembre, del Impuesto sobre el Valor Añadido. También habrá que estar a los regímenes de Concierto y Convenio Económico que rigen en País Vasco y Navarra.

Lo primero que vamos a intentar aclarar es el territorio en el que el Impuesto Sobre el Valor Añadido es de aplicación. ¿Se extiende por toda España este gravamen? Pues bien, el IVA no se aplica ni en las Islas Canarias ni en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Esto es así ya que, aunque son territorios pertenecientes a la Unión Europea, no se encuentran dentro del ámbito de aplicación del impuesto. Ahora bien, esto no les libra de tener impuestos que gravan el mismo hecho imponible que el IVA y que, a rasgos generales, tienen un funcionamiento muy similar a éste. Se trata del Impuesto General Indirecto Canario (IGIC) y el Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación (IPSI), que rige en las dos ciudades autónomas. También hay que destacar que, aunque se aplique el IVA, Navarra y País Vasco, debido a su régimen foral, como ya hemos señalado, cuentan con algunas especialidades.

El hecho imponible, es decir, el suceso que produce que sea necesario abonar el impuesto, sería uno de los siguientes:

  • Haber entregado bienes o servicios por algún empresario o profesional.
  • Haber adquirido bienes de forma intracomunitaria, es decir, dentro de la Unión Europea.
  • Haber adquirido bienes de países terceros, es decir, aquellos que no se encuentran en la Unión Europea, siendo irrelevante si se adquirieron éstos a profesionales o a particulares.

Es importante señalar quiénes se consideran, según la regulación de este impuesto, empresarios o profesionales, pues serán las entregas de bienes y las prestaciones de servicios que éstos realicen las que se someterán al impuesto. El artículo 5 de la Ley del IVA es la que se ocupa de establecer el concepto de empresario o profesional. En virtud del mismo, se considerarán empresarios o profesionales:

  • Las personas o entidades que lleven a cabo actividades empresariales o profesionales, que son aquellas que implican la ordenación por propia cuenta de los factores de producción materiales y humanos o de uno de los mismos, con el propósito de actuar en la producción o en la distribución de bienes y servicios. A pesar de ello, el artículo excluye a aquellos que solo presten servicios o entreguen bienes de forma gratuita.
  • Las sociedades mercantiles se considerarán en todo caso empresarios o profesionales, salvo que se pruebe lo contrario.
  • Aquellos que realicen una o varias entregas o prestaciones de bienes o servicios que supongan explotar un bien, corporal o incorporar, para conseguir beneficios de forma continuada en el tiempo.
  • Quienes urbanicen terrenos o efectúen su promoción, construcción o rehabilitación cuando los edificios se destinen a la venta, adjudicación o cesión por cualquier título, incluso de forma ocasional.
  • Quienes realicen ocasionalmente entregas de medios de transportes nuevos que estén exentos del Impuesto.

Hay que tener en cuenta que se encuentran exentas de IVA ciertas actividades, como los servicios sanitarios, de educación o las operaciones financieras y de seguros.

Hay que diferenciar el IVA repercutido del IVA soportado, que son la base de este tributo:

  • IVA repercutido, también conocido como IVA devengado. Es aquel IVA que cobra el empresario a sus clientes y que, posteriormente, deberá éste ingresar en la Hacienda Pública.
  • IVA soportado. Es aquel que los empresarios soportan cuando adquieren productos.

Dado que el Impuesto sobre el Valor Añadido debe ser neutro para los empresarios y profesionales, ya que quien debe sufrirlo es quien consume los productos o servicios, éstos deben liquidar el impuesto, restando del IVA que ha sido repercutido aquel que ha sido soportado. La diferencia es la que se deberá ingresar en Hacienda. Si se da el caso de que el resultado de dicha operación sea negativo, el empresario o profesional podrá descontarse esa cantidad en la cuota siguiente. Esta liquidación se realiza de forma trimestral.

Existen tres tipos distintos de IVA, según el bien del que se trate. Actualmente, poseemos un tipo general del 21%, un tipo reducido del 10% y, finalmente, un tipo súper reducido, del 4%. Este último tipo se aplica, entre otros, al pan común, a los quesos, huevos, frutas, verduras, hortalizas, legumbres, tubérculos y cereales que tengan la consideración de productos naturales, los medicamentos de uso humano o los vehículos para personas con movilidad reducida. Por otro lado, algunos de los bienes que gozan del tipo reducido del 10% son todos los alimentos no incluidos en el 4%, los medicamentos de uso veterinario, el agua apta para la alimentación humana o animal o para el riego, incluido el estado sólido o los edificios o partes de ellos que se utilicen como viviendas.

Como apunte final, podemos señalar que existen distintos regímenes de IVA, siendo el más común el general, pero existiendo también otros como el simplificado o el utilizado para la agricultura, la ganadería y la pesca.