Cuando finaliza un proceso penal que tiene como resultado que la persona que cometió el delito vaya a prisión entra en juego el Derecho Penitenciario. Esto es así ya que el Derecho Penitenciario no es otra cosa que el conjunto de normas que se dirigen a ejecutar las medidas y las penas que consistan en la privación de la libertad del sujeto, con el fin de conseguir la reinserción social del sujeto en cuestión.

Dentro de este Derecho Penitenciario, podemos encontrar el régimen penitenciario, que son todas aquellas normas que buscan conseguir que los centros penitenciarios tengan una vida ordenada, disciplinada y segura, con el fin de conseguir un ambiente propicio para la reinserción del individuo y el éxito de su tratamiento, además de garantizar la custodia y retención de los presos.

El texto legal al que debemos dirigirnos en este caso es la Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria. En su primer artículo, dicha Ley deja claro que el fin de las instituciones penitenciarias no es otro que conseguir la reeducación, la custodia y la retención de los presos, pero, en su último párrafo, añade que también deberán aportar a los internos asistencia y ayuda.

En su tercer artículo, la Ley General Penitenciaria establece que se deben respetar todos los derechos de los presos que no estén afectados por la condena particular del preso. Por ello:

  • Los presos pueden ejercitar todos sus derechos civiles, incluido el derecho a voto, salvo que sea incompatible con el cumplimiento de la condena o el objeto de su detención.
  • Tanto los presos como sus familiares tienen derecho a que se les mantengan sus derechos a recibir prestaciones de la Seguridad Social anteriores al ingreso en la institución penitenciaria.
  • Los internos tendrán derecho a continuar los procedimientos que estuviesen pendientes antes de ingresar en prisión y a entablar nuevas acciones.
  • Los presos tienen derecho a que la administración vele por su salud, vida e integridad.
  • Por último, los internos tienen derecho a que se les designe por su propio nombre.

Por su parte, el artículo siguiente relata las obligaciones que tienen los internos mientras estén en la institución:

  • Permanecer en el establecimiento penitenciario hasta que se permita su salida.
  • Acatar las normas de régimen interno y cumplir las sanciones que se le impongan como consecuencia de su incumplimiento.
  • Respetar y considerar tanto a los funcionarios penitenciarios como a las distintas autoridades, tanto dentro como fuera del centro penitenciario.
  • Comportarse adecuadamente con el resto de los internos.

Podemos encontrar tres tipos de establecimientos penitenciarios, tal y como establece el séptimo artículo de la Ley General Penitenciaria y desarrollan los artículos siguientes:

  • Establecimientos preventivos, que son aquellos destinados a retener y custodiar a detenidos y presos, así como a cumplir penas y medidas privativas de libertad que no superen los seis meses de duración.
  • Establecimientos de cumplimiento de penas. Se trata de aquellos que, como su nombre indica, se dirigen a ejecutar las penas correspondientes. Se dividen por géneros, entre hombres y mujeres, y por régimen, ordinario o abierto. Asimismo, se separará a los menores de 21 años, ya sea en establecimientos distintos y, si esto no es posible, en departamentos diferentes.
  • Establecimientos especiales, como son los centros hospitalarios, psiquiátricos o de rehabilitación social.

El artículo 13 de la Ley General Penitenciaria declara que todos los centros penitenciarios deben contar con ciertos servicios: dormitorios, enfermerías, escuelas, bibliotecas, instalaciones deportivas y recreativas, talleres, patio, peluquería, cocina, comedor, locutorios individualizados, departamento de información al exterior, salas de relaciones familiares y todos aquellos servicios que mantengan la comunidad penitenciaria ordenada.

En cuanto a los tipos de régimen penitenciario, habrá que estar a la naturaleza del título jurídico que ha provocado la inserción de los presos en la institución penitenciara, así como a sus distintas exigencias para conseguir un tratamiento personal e individualizado. Encontramos los distintos tipos de regímenes en el artículo 74 del Reglamento Penitenciario.

El primero es el régimen cerrado, que es el más estricto de todos, representando más control sobre los internos. Este régimen se aplica a aquellos penados que posean una peligrosidad extrema o que hayan manifestado su inadaptabilidad a los otros dos regímenes. También pueden ser sometidos a este régimen los internos preventivos en los que recaigan dichas circunstancias.

Al tratarse de una excepcionalidad, el proceso por el que se acuerde someter a un interno a régimen cerrado debe ser muy garantista, revisando judicialmente todas las decisiones administrativas al respecto. Este régimen puede darse dentro de centros o módulos de régimen cerrado para aquellos internos que hayan mostrado su inadaptabilidad al resto de regímenes. Por otro lado, también pueden situarse en departamentos especiales dentro de los centros penitenciarios, para aquellos en los que haya sido evidente su peligrosidad extrema. El interno deberá permanecer en este régimen penitenciario solo el tiempo que sea estrictamente necesario y, cuando hayan cesado las causas de su aplicación, deberá retirarse dicho régimen. Este hecho se revisará cada tres meses.

En segundo lugar, como punto intermedio, encontramos el régimen ordinario, que se desarrolla en los artículos 76 a 79 del Reglamento Penitenciario. Este régimen es el que se aplica a los penados clasificados como de segundo grado, a aquellos que se encuentran sin clasificar y a los detenidos y presos. En este régimen, tienen un papel primordial el trabajo y la formación de los presos. Será el Consejo de Dirección quien se aseguré de fijar un calendario de actividades y un horario que respete los tiempos de descanso y las actividades terapéuticas, culturales y de visita de familiares que sean precisas. Asimismo, en este régimen, los internos tienen como obligación realizar las prestaciones personales necesarias para mantener el orden, la limpieza y la higiene.

Por último, como el nivel menos restrictivo de todos, encontramos el régimen abierto. Este es el régimen aplicable a aquellos presos clasificados como de tercer grado y se caracteriza por ser un régimen de semilibertad. El fin principal de este régimen es conseguir la reinserción progresiva del sujeto en la sociedad. Este régimen se puede llevar a cabo en Centros de Inserción Social, que suelen destinarse a los internos de tercer grado. También puede llevarse a cabo en Secciones Abiertas, departamentos dentro de un centro penitenciario destinados a llevar a cabo dicho régimen. Por último, pueden utilizarse Unidades Dependientes que son instalaciones residenciales ubicadas dentro de la comunidad. Las salidas pueden ser permisos ordinarios, que son de hasta 48 días anuales, o salidas de fin de semana.