El servicio del hogar se considera como una relación laboral de carácter especial, por lo tanto, aunque comparte muchas cuestiones con la mayoría de empleos, también tiene ciertas características especiales.

En primer lugar, ¿Qué entendemos por servicio de hogar? Sería aquella relación laboral que, como ya hemos dicho, es de tipo especial, concertada entre aquella persona que se considera titular del hogar, que sería el empleador, y aquel que va a prestar determinados servicios domésticos al primero, que sería el empleado del hogar. Estos servicios, además, se prestarán de forma dependiente, por cuenta del titular del hogar, a cambio de una retribución acordada por las partes.

Podemos incluir dentro del concepto de servicio doméstico a las siguientes actividades:

  • Las tareas domésticas propiamente dichas (limpieza, planchado, cocina, etc.).
  • Prestación de ayuda, cuidado o atención a las personas que forman parte de la familia.
  • Otros trabajos que se incluyan en el contrato como tareas domésticas como pueden ser servicios de jardinería, de chofer, de guardería, etc.

Por otro lado, hay ciertas actividades que se consideran excluidas de la consideración de servicio doméstico. Serían las siguientes:

  • Aquellas relaciones que se hayan acordado con una persona jurídica, independientemente de que esté constituida como una sociedad civil o mercantil.
  • Aquellas relaciones concertadas con cuidadores profesionales que hayan sido contratados por una institución pública o por una entidad privada.
  • Aquellas relaciones que hayan sido concertadas a través de una ETT (Empresas de Trabajo Temporal).
  • Aquellas prestaciones que se ejerzan por familiares o que se hagan por amistad o buena vecindad.
  • Los cuidadores que no sean profesionales y que atiendan a personas dependientes en su domicilio.

En cuanto a los contratos, se pueden realizar directamente, pero también se puede recurrir a servicios públicos de empleo o a agencias de colocación, siempre que estén autorizadas.

El contrato se puede realizar de forma escrita o simplemente de palabra. Pero, como dicta la regulación laboral vigente, en el caso de que el contrato sea por tiempo determinado y que este tiempo sea igual o superior a las cuatro semanas, se deberá formalizar por escrito. Además, se deberá informar al trabajador de todas las condiciones del contrato relevantes para la relación laboral. De esta manera, debe quedar claro tanto el salario, como la jornada, como la parte contratante, así como otras cuestiones, como si se va a recibir algún tipo de remuneración salarial en especie o cómo se va a distribuir el tiempo de presencia y lo que va a durar, cómo se compensará, etc. Además, en el caso de que en el contrato se incluya la pernocta del trabajador en el domicilio del empleador, se deberá también informar sobre el régimen del mismo.

Si se desea, se podrá incluir en el contrato la existencia de un periodo de prueba. Este periodo de prueba deberá formalizarse siempre por escrito y no podrá ser superior a los dos meses. Durante este tiempo, ambas partes contractuales deberán cumplir sus respectivas obligaciones, pero podrán extinguir la relación laboral sin motivo alguno, simplemente preavisándolo con siete días.

En cuanto a la retribución, como el resto de los empleos, se debe cumplir con el Salario Mínimo Interprofesional que corresponda a la jornada trabajada, no pudiendo ninguna persona percibir un salario inferior a dicho SMI. Además, no se podrá descontar del SMI ningún tipo de concepto por salario en especie, ya sea manutención, alojamiento, etc.

Se podrá recibir salario en especie por cualquiera de estos conceptos, pero en ningún caso podrán superar el 30% de las prestaciones salariales totales. Además, el empleado del hogar deberá recibir dos pagas extraordinarias al año.

Como marca la legislación laboral, la jornada máxima es de 40 horas semanales de trabajo efectivo, pero en el caso de los trabajadores de hogar se puede pactar tiempos de presencia donde se está a disposición del empleador. Estos, que deberán tener una compensación, como mínimo, equivalente a la que se recibe por una hora ordinaria, no podrá ser superior a las 20 horas semanales de promedio, teniendo como referencia un periodo de un mes.

En cuanto a los periodos de descanso que obligatoriamente deben existir entre una jornada laboral y la siguiente, no podrán tener una duración inferior a las doce horas, si bien estas se reducen hasta las diez en el caso de que se compense el resto en periodos de hasta cuatro semanas.

El tiempo para que el empleador pueda comer se considerará como tiempo de descanso, pero debe ser, como mínimo, de dos horas diarias. El empleado del hogar tiene derecho a los mismos días festivos de los que disfrutan el resto de los trabajadores.

Las vacaciones anuales deben ser de 30 días naturales, pudiendo fraccionarse en varios periodos, pero teniendo que ser uno de ellos mínimo de 15 días disfrutables de forma consecutiva. Las vacaciones deben conocerse con al menos dos meses de antelación. Durante el tiempo que el empleado de hogar esté disfrutando de sus vacaciones, no puede ser obligado a quedarse en el domicilio familiar o a acompañar a la familia allá donde vaya.

En cuanto a la extinción del contrato, si es el empleador el que quiere prescindir de los servicios del empleado de hogar, habrá que tener en cuenta si ha sido improcedente o no.

El empleador puede despedir a su empleado del hogar por despido disciplinario por alguna de las siguientes cuestiones:

  • Por haber llegado reiteradamente tarde al trabajo o no haber acudido.
  • Por situaciones de indisciplina o desobediencia laboral.
  • Por haber el empleado del hogar ofendido física o verbalmente a alguna de las personas convivientes en el domicilio laboral.
  • Por abusar de la confianza del empleador o haber transgredido lo que se considera como buena fe contractual.
  • Por haber disminuido voluntariamente el rendimiento en el trabajo.
  • Por haber repercutido de forma negativa en su desempeño sus situaciones de toxicomanía o embriaguez habitual.
  • Por haber discriminado o acusado por alguna razón discriminatoria a alguno de lso convivientes en el domicilio familiar.

El despido debe ser siempre notificado por escrito, respetando la antelación correspondiente e indicando cuál es la causa por la que se procede al despido disciplinario. El periodo de antelación con la que se debe comunicar el despido dependerá del tiempo que lleve el empleado prestando sus servicios en el domicilio. Si ese periodo es superior a un año, el periodo será de veinte días. En caso contrario, será de siete. Entre el preaviso y el despido efectivo el empleado podrá disponer de una hora libre diaria pagada para obtener otro empleo.

En el caso de que no se respete lo anteriormente dicho, el despido se consideraría como improcedente y, por tanto, habría que abonar una indemnización.

En el caso antagónico, es decir, si es el empleado del hogar el que decide irse de su trabajo, si su marcha se basa en un incumplimiento contractual por parte del empleador, el despido se considerará como improcedente. En otro caso, se considerará como una marcha voluntaria y se deberá respetar un periodo de preaviso de siete días.