Podríamos definir la jubilación como el hecho de que un trabajador, laboralmente activo, deje de estarlo por haber alcanzado la edad que el ordenamiento jurídico señala para ello. Como referente histórico, podemos irnos hasta la época romana, en la que se otorgaba una especie de jubilación a aquellos solados que habían estado al servicio militar de forma activa durante un período mínimo de 25 años, tras lo cual recibían tierra y dinero equivalente a 12 años de paga.

En nuestro país, la jubilación universal, como hoy la entendemos, data de 1962. Hoy en día, la jubilación es, sin duda, uno de los retos del denominado Estado del Bienestar, reto que se ha complicado. La dificultad, principalmente, proviene del aumento de la esperanza de vida de la población y la reducción de la natalidad que, junto a otros factores coyunturales, dificultan en grado sumo el recambio generacional.

En nuestro ordenamiento jurídico no hay una sola manera de acceder a la jubilación. La más común, a la que nos solemos referir cuando hablamos de jubilación, es la jubilación contributiva ordinaria, que se otorga a aquel trabajador que ha alcanzado una edad determinada, junto con otros requisitos que posteriormente analizaremos. Pero también existe una prestación de jubilación de tipo no contributivo, para aquellos que no puedan acceder a la jubilación ordinaria.

La pensión no contributiva de jubilación se otorga a personas que, no cumpliendo los requisitos de cotización necesarios para acceder a la pensión en su modalidad contributiva, se encuentran en un estado de necesidad, pues carecen de recursos económicos para afrontar la situación que conlleva haber alcanzado una edad determinada. Por lo tanto, para poder acceder a esta prestación, se deberían reunir los siguientes requisitos:

  • No poder solicitar la pensión contributiva.
  • Haber cumplido, como mínimo, los 65 años.
  • Que la renta que se posea no sobrepase determinados umbrales.
  • Tener la residencia legal en nuestro país.

La cuantía de este tipo de prestación es sensiblemente inferior a la que se puede obtener en la modalidad contributiva, cuya fórmula de cálculo veremos más adelante. El tope máximo de la cuantía de esta prestación se sitúa en los 5.150,60 euros anuales.

Dentro de la modalidad contributiva, además, podemos distinguir una jubilación que calificaríamos como total, pues el trabajador abandona totalmente su actividad laboral, y una jubilación parcial, que compatibiliza la prestación de la Seguridad Social con un empleo a tiempo parcial. El requisito para poder acceder a una jubilación parcial es haber alcanzado la edad de 60 años si se tenía la condición de mutualista el 1 de enero de 1967, y 61 años y 5 meses, en 2017, para el resto, y tener un contrato a tiempo parcial, que debe estar vinculado, en el caso de que no se haya alcanzado la edad de 65 años, a un contrato de relevo.

La jubilación parcial, por tanto, no conlleva el cese en el empleo, sino una reducción de jornada. Esta reducción tiene que estar comprendida entre el 25 y el 50%, aunque podrá alcanzar el 75% si hay contrato de relevo y éste es a jornada completa e indefinido, si se cumplen los demás requisitos. Además, la disposición transitoria cuarta de la Ley General de la Seguridad Social, apartado 5, contempla una reducción de jornada de hasta el 85%, si se cumplen determinados requisitos.

Por otro lado, encontramos también la jubilación anticipada, cuyos requisitos son:

  • Estar en alta o situación asimilada al alta.
  • Haber cumplido los 61 años.
  • Haber cotizado un periodo mínimo de 30 años, dos de los cuales deben estar obligatoriamente entre los 15 años anteriores.
  • Estar inscritos como demandantes de empleo en las oficinas correspondientes durante los 6 meses inmediatamente anteriores a la solicitud de la jubilación.
  • Que la causa de cesar en el trabajo no sea imputable al trabajador, considerando como tal el cese voluntario.

Esta sería la jubilación anticipada voluntaria, pero existe también la jubilación anticipada por discapacidad, que reduce la edad necesaria de jubilación, aplicando unos coeficientes reductores, a aquellas personas que posean una discapacidad superior al 65% o al 45% si la discapacidad se encuentra reglamentariamente determinada, que serían aquellas que producen una reducción en la esperanza de vida del trabajador.

Otro tipo de jubilación es la jubilación flexible. Esta se refiere a aquellas personas que, ya encontrándose jubiladas, deciden compatibilizar su prestación con un contrato a tiempo parcial. El resultado de acceder a esta jubilación flexible es que la prestación que se venía recibiendo en virtud de la jubilación se verá reducida proporcionalmente a la jornada de trabajo que se lleve a cabo. Esta jubilación puede ser solicitada en casi todos los regímenes de la Seguridad Social. Las únicas excepciones existentes son el Régimen Especial de Funcionarios Civiles del Estado, el Régimen Especial de las Fuerzas Armadas y el del personal al servicio de la Administración de Justicia.

Por último, podemos hablar de la jubilación por incapacidad de los funcionarios públicos a los que, antes de cumplir la edad de jubilación, se les reconoce una incapacidad permanente total, absoluta o de gran invalidez.

Una vez vistos los tipos especiales de jubilación, vamos a analizar el supuesto común, es decir, la jubilación ordinaria. Actualmente, para el año 2017, la edad de jubilación se encuentre en los 65 años y medio. Se prevé que, progresivamente, esta edad de jubilación vaya ascendiendo hasta alcanzar los 67 años para 2027. A pesar de lo ya dicho, se podrá jubilar a los 65 años aquel trabajador que presente un periodo de cotización determinado, que actualmente es de 36 años y tres meses y que pasará a ser de 38 años y medio en 2027.

Junto al requisito de la edad, encontramos el requisito de la cotización. Para poder acceder a la prestación de jubilación contributiva habrá que haber cotizado durante un mínimo de 15 años, teniendo que ser dos años dentro del periodo de los 15 años inmediatamente anteriores a la jubilación.

En cuanto a la prestación, hay que tener en cuenta cuál es la base y el tiempo de cotización. Para el cálculo se tendrán en cuenta los últimos 20 años, aunque a partir de 2022 serán los 25 años anteriores. Estos formarán la Base Reguladora. Sobre esa Base Reguladora se aplicará un porcentaje, que dependerá del tiempo de cotización. Actualmente, con el mínimo de cotización, que, como ya hemos visto, es de 15 años, se obtiene el 50% de la Base Reguladora. Para lograr el 100% de la Base Reguladora se deberá haber cotizado un mínimo de 35 años y medio, en el año 2017.

Hay que considerar, además, que todas las prestaciones de jubilación deben encontrarse entre el límite máximo y el límite mínimo. Es decir, nadie puede cobrar una prestación inferior al límite mínimo ni superior al máximo, aunque aplicando la fórmula de cálculo se obtenga otra cifra distinta, por encima o por debajo. El límite máximo, actualmente, se encuentra en 2.573,40 euros mensuales, percibiéndose un total de 14 pagas. El mínimo, en cambio, se encuentra en los 637,70 euros mensuales.