Se considera accidente laboral toda aquella lesión que sufra un trabajador durante su jornada laboral o a causa de las funciones que realiza por cuenta ajena. Es decir, todo daño que el empleado sufra a consecuencia de su trabajo, ya sea en el curso de su jornada laboral o durante el trayecto de ida o vuelta.

Para que sea considerado como accidente laboral deberá existir un nexo causal, es decir, una relación entre la lesión y el trabajo, que deberá ser la causa directa o indirecta de la lesión. Si ese vínculo no existe, el accidente se considerará como “no laboral” y llevará a aparejada una menor protección. Si el daño se ha derivado de una enfermedad originada por el trabajo, se considerará como una enfermedad profesional, que tendrá un tratamiento bastante similar.

Es deber del empresario procurar los medios precisos para evitar la producción de los accidentes laborales. Además, deberá obligar al trabajador a cumplir con las medidas de seguridad, sancionando todo aquel comportamiento que sea contrario a dichas medidas.

En cuanto a la protección frente a los accidentes laborales, gozarán de ella todos aquellos empleados por cuenta ajena. Es irrelevante que estén o no dados de alta en la Seguridad Social. Tampoco se tendrá en consideración si el trabajador ha cotizado antes o no.

Los trabajadores por cuenta propia, también llamados autónomos, pueden escoger cotizar con el fin de protegerse también ante los accidentes laborales. En el caso del TRADE (Trabajadores Autónomos Económicamente Dependientes) deben cotizar obligatoriamente por contingencias profesionales. Se considerará TRADE a aquel trabajador por cuenta propia que recibe de un solo cliente al menos el 75% de los ingresos.

Respecto al ya citado nexo causal, a veces será difícil de establecer. Existe una presunción de que todo daño producido en el transcurso de la jornada laboral y en el centro de trabajo es un accidente laboral. Si el empresario considera que no es así, deberá demostrarlo. En todo caso, lo importante será que el accidente haya tenido lugar durante el tiempo efectivo de trabajo del empleado.

Se considerarán, en todo caso, como accidentes de trabajo:

  • Las enfermedades que el trabajador ya padecía, pero que han sido agravadas por el trabajo.
  • Los accidentes que sufra el trabajador durante el trayecto de ida o vuelta de su centro de trabajo. Es lo que se considera como in itinere. Se considerarán como tales, según el Tribunal de Justicia de la Unión Europea aquellos que padezcan los trabajadores que carezcan de un centro fijo de trabajo durante los desplazamientos entre su domicilio y el primer o el último de sus clientes.
  • Aquellos accidentes que hayan sucedido durante las funciones sindicales del trabajador, o en el trayecto a las mismas.
  • Accidentes en misión. Es decir, los que se sufren mientras el trabajador se encuentra fuera del centro de trabajo por orden del empresario, o durante el trayecto.
  • Accidentes ocurridos en actos de salvamento, que deberán tener conexión con el empleo.
  • Las enfermedades que hayan sido contraídas por el empleado como consecuencia de su trabajo. La realización de sus funciones deberá ser la causa exclusiva de esa enfermedad.
  • Los accidentes que se produzcan mientras el trabajador no está ejerciendo las funciones propias de su puesto, siempre y cuando se realicen por orden del empresario o en pos del buen funcionamiento de la empresa.

Además, podrán llegarse a considerar como accidentes laborales aquellos que resulten de delitos cometidos por el empresario, los compañeros de trabajo o cualquier otra persona que posea algún tipo de vinculación con la empresa.

En sentido contrario, no se considerarán como accidentes laborales:

  • Los que resulten de imprudencia temeraria del empleado o haya sido producido a propósito. Se considerará de tal modo si el trabajador no ha acatado las órdenes o normas de seguridad del empresario. Queda excluida la denominada imprudencia profesional, aquellas que se produce por la confianza que tiene el trabajador al realizar reiteradamente el mismo trabajo.
  • Los accidentes que sean consecuencia de fuerza mayor y no tengan relación con el trabajo en sí. Un ejemplo sería una insolación.

Si el accidente ha sido calificado como “no laboral”, el trabajador podrá presentar su reclamación para que se considere como tal ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Se podrá reclamar íntegramente el daño, es decir, todos aquellos perjuicios que sean consecuencia del accidente. Se tendrá derecho en este sentido a:

  • La asistencia sanitaria. Dentro de este concepto se encuentran el tratamiento, las operaciones que hayan sido precisas, así como la rehabilitación hasta reponer la salud.
  • Una prestación económica durante el periodo en que el empleado se encuentre en situación de baja laboral. En caso de accidente laboral se observarán ciertas especialidades:
  • Se considerará dado de alta en la Seguridad Social a aquel trabajador que no lo esté, a efectos de poder percibir la prestación. Del mismo modo, tampoco será preciso haber cotizado anteriormente para recibir la prestación.
  • La empresa deberá abonar el salario íntegro correspondiente al día en que el accidente ocurrió.
  • La cuantía que se recibirá será el 75% desde el día siguiente al accidente, notablemente superior a la prestación por enfermedad común.
  • Si se produce el despido durante la baja, no se descontarán de la prestación por desempleo los días en que se cobre la prestación por incapacidad temporal, al contrario que en el caso de la baja por enfermedad común.
  • Si el accidente tuvo lugar como consecuencia de una falta de medidas de seguridad e higiene en el trabajo por parte del empresario, la prestación podrá incrementarse en un 30 o 50%. Este recargo será abonado por la empresa, no por la Seguridad Social.
  • Si se han producido secuelas a consecuencia del accidente, se tendrá derecho a una prestación económica.
  • Aquellas cantidades adicionales que se establezcan como mejoras en el Convenio Colectivo.
  • La indemnización por responsabilidad civil en caso de que el accidente se produjese por culpa del empresario o por falta de medidas de seguridad e higiene.
  • Indemnizaciones por muerte en accidente laboral. Cuando el empleado fallece, además de las pensiones que puedan corresponder, la viuda y los huérfanos podrán solicitar una indemnización extra: seis meses de pensión en el caso de la viuda y un mes en el de los hijos.
  • Prestación en caso de incapacidad permanente. Se tendrá derecho a la misma si el trabajador ha resultado, a causa del accidente, invalidado para trabajador. Será la Mutua en este caso quien cargue con el coste de la pensión, a pesar de que la abone la Seguridad Social.
  • Indemnización por lesión no invalidante. Tendrá lugar cuando se produzca una lesión, mutilación o deformidad que afecte al empleado y que sea definitiva. Si se tiene derecho a prestación por incapacidad permanente, no se podrá acceder a ésta. También esta prestación sufrirá un incremento de entre el 30 y 50% si se produce a consecuencia de la falta de medidas de seguridad e higiene, recargo a cuenta del empresario.

En cuanto a la reclamación de la indemnización, se podrá acudir tanto a la vía penal como a la social o laboral:

  • La penal se utiliza en el caso de que se infrinja la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. En este caso, el inspector de trabajo actuará de oficio, levantando acta de infracción. El plazo para presentar la reclamación por esta vía será de seis meses desde que se produjo el accidente.
  • En cuanto a la vía social o laboral, se debe presentar papeleta de conciliación en el Servicio de Arbitraje, Mediación y Conciliación (SMAC). Si no se produce un acuerdo con la empresa, se acudirá al Juzgado de lo Social. El plazo para acudir a esta vía será de un año desde la estabilización de las secuelas.