El mismo delito, en ocasiones, puede tener una pena distinta según las circunstancias. Esto es así porque determinados hechos pueden hacer que el delito sea considerado más grave o, al contrario, se matice, pues la pena siempre tiene que estar en consonancia con el delito, incluyendo dentro del mismo todas las circunstancias que lo rodean.

El efecto más inmediato de la concurrencia de un agravante o un atenuante será que, en el primer caso, la pena se aplicará en su mitad superior y, en el segundo caso, en la inferior. Así, por ejemplo, si un delito tiene tipificada una pena de 2 a 4 años, si concurren agravantes la pena será de 3 a 4 años y si concurren atenuantes, de 2 a 3 años.

Los atenuantes se basan en que la conducta del que cometió el delito tiene menor gravedad, pues no lo hizo de forma dolosa o consciente, sino a causa de ciertas circunstancias, todas las causas que lo empujaron a delinquir, las consecuencias del delito y las condiciones en que el propio sujeto se encontraba. Estos atenuantes se encuentran regulados en el artículo 21 de nuestro Código Penal y son las siguientes:

  • Las eximentes incompletas.

El artículo 20 del mismo cuerpo legal regula las eximentes, cuya consecuencia es que el sujeto no tiene responsabilidad penal. Cuando no concurren todos los requisitos de estas eximentes, entre las que se encuentran la defensa propia o el miedo insuperable, se puede apreciar un atenuante. No se poseen todos los requisitos necesarios para eximir al culpable de responsabilidad penal, pero sí concurren los suficientes como para apreciar un atenuante.

  • Grave adicción a las drogas o al alcohol.

Es una adicción prolongada en el tiempo e intensa. Para que se pueda apreciar la existencia de la eximente será necesario que el sujeto acredite que su grave adicción fue la causa de que cometiese el delito.

  • Arrebato, obcecación u otro estado pasional de entidad semejante.

Son situaciones que provocan que el sujeto pierda su capacidad de dominio. Es requisito que el estímulo que haya provocado ese arrebato u obcecación sea importante, que se pueda apreciar que a partir de dicho estímulo se dio la reacción. La proporcionalidad entre estímulo y reacción debe ser adecuada.

Se considera arrebato cuando la reacción es fulgurante, momentánea e inmediata al estímulo. En cambio, se considerará que es una obcecación si la reacción tuvo una duración mayor y hubo un lapso de tiempo más amplio entre dicha reacción y el estímulo en el que trae causa.

  • Que el culpable confiese su infracción a las autoridades.

El artículo dice que se deberá confesar antes de que se sepa que el procedimiento penal se dirige contra él. Aun así, la jurisprudencia permite que se aplique aun cuando ya hubiera comenzado la investigación, siempre y cuando la aportación del investigado fuera de gran relevancia. El autor de los hechos los reconoce, colaborando con la justicia.

No se considera que existe este eximente si su declaración es tendenciosa, añade elementos falsos, omite datos relevantes o solo inculpa a terceras personas.

  • Haber procedido a reparar el daño ocasionado a la víctima o a disminuir sus efectos.

Esta reparación, que puede ser mediante una indemnización, una restitución, una reparación moral o, incluso, una reparación simbólica, podrá llevarse a cabo en cualquier momento del procedimiento, siempre y cuando se respete el límite máximo. Dicho límite máximo se encuentra en la celebración del juicio.

  • Dilación indebida en la tramitación del procedimiento.

Se aprecia este atenuante cuando el proceso penal se ha alargado en el tiempo de forma extraordinaria. En ningún caso se tendrá en cuenta si dicha dilación ha sido culpa del propio culpable. Además, la dilación no debe ser proporcional a la complejidad de la causa.

  • Cualquier otra circunstancia análoga.

Se considera así la existencia de circunstancias que, de forma unánime, se consideren atenuantes, aun cuando no se encuentren previstas expresamente en el artículo 21 del Código Penal.

En segundo lugar, las circunstancias agravantes suponen, como su propio nombre indica, una agravación del delito. Se encuentran recogidas en el artículo siguiente, el 22 del Código Penal, y son las siguientes:

  • La alevosía.

Concurrirá alevosía cuando el sujeto del delito empleó medios, modos o formas que tendían directa o especialmente a asegurar la comisión de dicho delito, dejando a la víctima sin posibilidad de defensa. Este agravante solo se puede apreciar en delitos dirigidos contra las personas, como puede ser un homicidio o unas lesiones. El agresor actúa con la voluntad de minimizar cualquier posibilidad de defensa y, de esta manera, disminuir también el riesgo que corre él mismo.

Se aprecia alevosía, por ejemplo, cuando se comete el delito a través de una emboscada o mientras la víctima se encuentra dormida o embriagada.

  • Usar disfraz, abuso de superioridad o aprovechando las circunstancias de lugar, tiempo o auxilio de otras personas.

Se considera disfraz cuando el sujeto utilizó medios para ocultar su identidad y así dificultar la acción de la Justicia.

Existirá abuso de superioridad cuando entre sujeto y víctima exista una desproporción de fuerzas que ha sido aprovechada por el primero para cometer el delito.

El aprovechamiento de circunstancias se aprecia cuando se comete el delito valiéndose de la despoblación del lugar o de la nocturnidad.

Por último, el auxilio de otras personas se aprecia cuando el agente cometa el delito con la colaboración, bien sea durante la comisión del mismo bien sea posteriormente, de terceros, que crean un desequilibrio entre él y la víctima.

  • Ejecutar el hecho mediante precio, recompensa o promesa.

Precio sería cuando se ha cometido el delito a cambio de dinero en efectivo o cualquier objeto valorable económicamente.

Recompensa, en cambio, es la comisión del delito motivada por la obtención de algún tipo de ventaja, como puede ser un ascenso laboral.

Promesa, en cambio, existirá cuando se ofrezca un precio o una recompensa a entregar después de la comisión del delito.

  • Comisión del delito por motivos discriminatorios.

Cuando el delito está movido por el racismo, el antisemitismo, la xenofobia, así como cualquier motivo de discriminación por ideología, religión, sexo, etc. La característica debe concurrir en la víctima y haber sido la causa de la agresión.

  • Aumentar deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima.

Es lo que comúnmente se conoce como ensañamiento. Para que se aprecie será necesario que se hayan causado males innecesarios objetivamente a la víctima, es decir, sin causar tanto dolor se hubiera obtenido el mismo resultado. Además, el agente debió, deliberadamente, realizar aquellos actos para producir más sufrimiento en la víctima.

  • Obrar con abuso de confianza.

Se da cuando existe una relación de mutua confianza entre agresor y víctima, relación en la que se basa el primero para agredir al segundo.

  • Prevalerse el culpable de su carácter público.

Casos en los que un funcionario público o aquel que tenga encomendada algún tipo de función pública comete un delito aprovechándose de su condición de tal, prevaleciéndose de los poderes que se le atribuyen.

El sujeto que cometió el delito ya había cometido otro u otros. Es decir, el sujeto volvió a delinquir. Para que se considere reincidencia el anterior delito debe haber sido objeto de sentencia firme. Se computan también aquellas condenas firmes que hayan sido impuestas en otros países pertenecientes a la Unión Europea, siempre que los antecedentes no se hayan cancelado o puedan serlo con arreglo al Derecho español.