Por regla general, es sabido que en nuestro país el trabajo infantil está terminantemente prohibido. Pero, ¿existe alguna posibilidad de que alguien que sea menor de edad trabaje? ¿Qué ocurre con los pequeños niños actores que vemos en multitud de series de televisión y películas? Vamos a intentar aclarar todas las dudas que puedan surgir respecto al trabajo de menores de edad en nuestro país.

La regla general, es que pueden trabajar todas aquellas personas que sobrepasen el límite de la mayor edad, que en nuestra legislación está establecida en los 18 años. Pero, hay ciertas excepciones que hacen que un menor de dicha edad pueda incorporarse al mercado laboral.

En primer lugar, tenemos el caso de los menores emancipados. Los menores emancipados son aquellos que tienen más de 16, pero menos de 18, y que, por ciertas causas, el juez considera que debe concedérsele la emancipación, cuyo efecto es que actuará como si fuere mayor de edad puesto que se le considera independiente, salvo en algunos casos concretos, en los que necesitará consentimiento de sus padres o curadores. Estos menores podrían acceder al mercado laboral si reciben el consentimiento de sus padres, tutores o curadores.

Y, ¿qué ocurre con aquellos menores, que tienen más de 16 años, pero que no están emancipados? Estos necesitarían la autorización de sus progenitores, o de uno junto con el consentimiento de otro.  Pero, aunque se les reconozca esta capacidad con la autorización de sus padres, el ordenamiento señala una serie de limitaciones y casos concretos en los que el menor, pese a gozar de la autorización de sus progenitores, no puede trabajar.

En particular, no pueden desempeñar su actividad laboral en puestos de trabajo que puedan considerarse como insalubres, nocivos, peligrosos o penosos. Además, tienen una serie de limitaciones de hondo calado en la vida laboral de una persona:

  • No pueden realizar horas extraordinarias. Es decir, todas aquellas horas que se trabajen fuera de la duración máxima establecida para la jornada.
  • Su jornada laboral no podrá estar constituida por un número de horas trabajadas superior a ocho, incluyendo el período de tiempo que dediquen a la formación. En el caso de que el menor tenga una relación laboral con más de una empresa, las horas trabajadas no podrán superar ocho, sumando las que el menor trabaje con una y con otra u otras.
  • Los menores tienen expresamente prohibido realizar el total o parte de su jornada laboral mediante trabajo nocturno. En nuestra legislación, el trabajo nocturno comienza a las 22:00 y termina a las 6:00.
  • Tienen derecho a un descanso que, como mínimo, sea de treinta minutos de duración en el caso de que su jornada laboral diaria sea superior a las cuatro horas y media.
  • Al contrario que los adultos, cuyo descanso semanal mínimo es de un día y medio, los menores tienen derecho a descansar dos días, además, de forma ininterrumpida.

Por otro lado, los empresarios que contratan a menores de edad tienen que llevar a cabo una prevención de riesgos laborales bastante más meticulosa que respecto a los trabajadores mayores de edad, lo que va en consonancia con la supuesta vulnerabilidad que va asociada a los menores de 18 años.  En este sentido, los empresarios tendrán que realizar evaluaciones de los puestos de trabajo que vayan a ser desempeñados por menores de edad. La finalidad de esta evaluación será establecer aquellos peligros o riesgos que puedan producir en el menor cualquier tipo de inseguridad o insalubridad. Por otro lado, el empresario tiene el deber de informar, tanto a los menores, como a sus progenitores o tutores, sobre aquellas medidas que se hayan adoptado para protegerlos. El incumplimiento de estas medidas supone una infracción calificada como muy grave para el empresario incumplidor.

Además, el artículo 6 de nuestro Estatuto de los Trabajadores prohíbe expresamente que los menores de 16 años puedan trabajador, excepto en los espectáculos públicos autorizados por la autoridad laboral. Esta es la autorización que solicitan todas aquellas productoras audiovisuales o similares que necesitan la participación de menores de 16 años en sus espectáculos. Es la única excepción que nuestra legislación acoge para permitir a los menores de 16 tener un trabajo. Esta autorización tiene, también, una serie de requisitos que se deberán cumplir a rajatabla.

En primer lugar, la autorización tan solo será concedida en aquellos supuestos en que la partición del menor en el espectáculo público no suponga un peligro, ni para su salud, ni para su formación, entendiendo por ésta todo aquello que integra la educación humana. Este tipo de relaciones se regulan por el Real Decreto 1435/1985, que es aquel dirigido a regular los supuestos de trabajo de artistas en espectáculos públicos.

La autorización deberá ser concedida por la Dirección Provincial de Trabajo si, en la Comunidad Autónoma de que se trate, aún tiene competencia para ello. En el caso de que no se tenga dicha competencia, habrá que estar a las normas de transferencia en cada caso. En cuanto a la legitimación para solicitar la autorización, pertenece a aquellas personas que sean representantes del menor, ya sean padres o tutores. En el caso de que dos personas ostenten la patria potestad, la deberán solicitar de manera conjunta. Si no lo hacen de manera conjunta, podrá deberá ser presentada por uno de ellos siempre y cuando cuente con el consentimiento, ya sea expreso ya sea tácito, del otro progenitor.

Se prevé que el propio menor pueda prestar su consentimiento, pero solo en aquellos casos en que tenga juicio suficiente, para lo que habrá que estar al caso concreto, aunque para muchas cuestiones este límite se pone en los 12 años.

La Administración podrá, a su libre arbitrio, conceder o no la autorización para el menor. La Administración deberá motivar su decisión, haciendo referencia tanto a hechos como a fundamentos de Derecho.

Posteriormente, se celebrará el contrato. La misma corresponde a los padres o tutores del menor, aunque también en este caso, si el menor tuviese el juicio suficiente, se le deberá escuchar para que preste su consentimiento. Por último, el artículo 2.1 del citado decreto, en su redacción final, establece  que será el padre o tutor quien lleve a cabo todas las acciones derivadas del contrato.