Podríamos definir una comunidad hereditaria como aquella situación en que se encuentra una herencia en la que concurren varios herederos cuando todos ellos la han aceptado, ya sea mediante una aceptación expresa, es decir, a través de documento estableciendo su voluntad, ya sea tácita, lo que es lo mismo que decir aquella aceptación que se deriva de actos llevados a cabo por los propios herederos. Todos ellos formarán, hasta que se lleve a cabo la partición y con ella la adjudicación de bienes a los herederos, una comunidad hereditaria.

Para que se dé esta situación de comunidad hereditaria es imprescindible, en primer lugar, que existan varios titulares con derecho a la herencia, ya sean herederos, ya sean legatarios de parte alícuota. Estos últimos son una figura especial, puesto que el testador (pues solo caben los legados en la sucesión testada, no pudiéndose establecer legados en una sucesión intestada) les ha hecho legatarios de una parte de su caudal hereditario. Estos legatarios de parte alícuota se diferencian fundamentalmente de los herederos en que no responderán de las deudas hereditarias con su propio patrimonio, como sí hacen los herederos. Por el contrario, tan solo responderán hasta donde alcance el legado.

Como segundo requisito para que se pueda dar esta comunidad hereditaria, es que se produzca precisamente esa situación de indivisión. Es decir, no habría comunidad hereditaria como tal en el caso de que fuese el propio testador quien realizase, por sí mismo, la partición de su caudal hereditario. En este caso, en ningún momento podría decirse que existiese indivisión, puesto que la partición es inmediatamente concurrente al fallecimiento del causante y, con él, la apertura de la sucesión.

Si se conjugan estos dos requisitos, obtendremos una comunidad hereditaria, en la cual los herederos no tendrán derecho a los bienes concretos que forman la masa hereditaria, sino que serán los propietarios de un derecho abstracto de la herencia, de una cotitularidad.

Su naturaleza jurídica es un asunto muy discutido por la doctrina, aunque la mayoría concuerdan en que se trata de una comunidad germánica o en mano común. La característica principal de este tipo de comunidad es, precisamente, que se otorga un derecho indeterminado o abstracto sobre la totalidad, no una cuota concreta sobre bienes concretos, que es lo que sucede en las comunidades de sustrato romano. Ello se desprende de la imposibilidad de inscribir el derecho que recaería sobre los bienes de carácter inmueble en el Registro de la Propiedad, en tanto en cuanto dure la comunidad hereditaria. Esto es así porque no se puede propugnar que ninguno de los herederos sea titular de un inmueble específico, titularidad que se ostentará una vez que se produzca la partición y, con ella, la adjudicación de los bienes concretos a los coherederos. En cambio, si cabría una anotación preventiva en dicho registro, que recaería sobre el derecho hereditario en abstracto.

Estarán incluidos en la comunidad hereditaria todos los bienes y derechos que haya dejado el causante y que tengan, a su vez, naturaleza transmisible. Se entiende que tienen naturaleza transmisible todos aquellos que no se extingan con la muerte del causante. Por otro lado, deberán añadirse a la comunidad hereditaria todas aquellas accesiones, incrementos, rentas o frutos que hayan generado los bienes hereditarios, ya fuese antes o después de la apertura de la sucesión. Por otro lado, también se entienden incluidos los créditos que el causante tenía a su favor. En cambio, hay abierto un debate doctrinal sobre si se debe incluir en la comunidad hereditaria el pasivo. Es decir, mientras algunos autores niegan tal posibilidad, otros sostienen que sí pertenecen a la herencia tanto las deudas como las cargas de la misma.

Respecto al marco jurídico, a la ley que tendremos que aplicar, habrá que estar a lo siguiente:

  • En primer lugar, lo que se haya dispuesto según el ejercicio de la autonomía de la voluntad. Dentro de dicha autonomía está, tanto la libertad del testador de disponer mediante testamento lo que precise con respecto a la situación de comunidad hereditaria, como aquellos pactos a los que los miembros de la comunidad puedan eventualmente llegar en el mismo sentido.
  • En segundo lugar, se acudirá al Código Civil, concretamente a los artículos 1051 a 1081, que son los que se ocupan de regular la partición, que es la causa más común de extinción de una comunidad hereditaria, con la que se puede salir de la situación de indivisión.
  • En tercer lugar, y con carácter supletorio, en todo aquello que no encuentre acomodo normativo mediante los dos primeros puntos, se utilizarán las normas del Código Civil que se ocupan de la comunidad de bienes (artículos 392 a 406) en todo lo que pueda resultar compatible mediante la analogía.

En cuanto a la administración de los bienes que forman parte de la comunidad hereditaria, puede que la misma haya sido establecida judicialmente, que la hubiere dispuesto el propio testador o incluso que hayan sido los mismos coherederos lo que han llegado a un acuerdo sobre cómo llevarla a cabo. Pero si nada de ello ha ocurrido, lo que se aplica es la administración tomando las decisiones mediante mayoría. A pesar de ello, el juez puede resolver lo que considere o nombrar un administrador si considera que el acuerdo llegado a través de dicha mayoría es imposible o gravemente perjudicial para la comunidad.

Por su parte, cualquier coheredero está facultado para llevar a cabo actos de defensa o de conservación de los bienes hereditarios, así como para ejercer todas aquellas acciones que corresponderían al causante y que compongan la comunidad, siempre y cuando lo que realice sea en beneficio de la misma.

Es preciso señalar, por otro lado, que todo coheredero tiene la posibilidad de ceder, hipotecar o enajenar su participación en la comunidad. Esto es así porque ese derecho hereditario en abstracto del que hablábamos al inicio es negociable, transmisible. Eso sí, lo que es transmisible es precisamente ese derecho, en ningún caso la condición de heredero, puesto que la institución de heredero no solamente tiene contenido patrimonial, sino que va más allá. Además, este derecho es susceptible de embargo.

Si alguno de los coherederos hace uso de dicha facultad y vende a un extraño ese derecho abstracto que tiene antes de que se realice la partición, cualquiera de los demás, ya sean todos ellos, ya sea solamente alguno, puede ejercer un derecho de subrogación, estableciéndose en el lugar del comprador. Para ello, deberá reembolsar el precio que hubiere pagado y deberá verificarlo en el plazo máximo de un mes desde que se le haga saber. Es lo que comúnmente se denomina el retracto de los coherederos.

Para terminar, tenemos que hablar sobre la extinción de la comunidad hereditaria. Una de las notas características de nuestro ordenamiento jurídico en este sentido es que siempre se busca que la situación de comunidad sea transitoria, es decir, que no se postergue indefinidamente.  Como ya hemos señalado, la causa más común de extinción de la misma es la división del caudal entre los coherederos. Esta partición puede ser llevada a cabo por un contador-partidor que haya designado el propio testador en su documento de última voluntad, por los propios coherederos, en lo que se denomina la partición convencional, por un contador nombrado por ellos mismos, lo que no hace perder a esta partición en ningún caso su carácter convencional, o, si no son capaces de llegar a un acuerdo por sí mismos, se puede recurrir al arbitraje o a la vía judicial. Otra forma de extinción será que los propios coherederos decidan sustituir la comunidad hereditaria por una sociedad, aportando a la misma el caudal de la comunidad.