Cuando una persona fallece, no todos los bienes van a donde desea. Cuando se hace testamento, se deben respetar obligatoriamente las legítimas de los herederos forzosos, una cuestión bastante polémica entre la doctrina, pero que se encuentra actualmente vigente. La legítima es un intento de conjugar la autonomía de la voluntad del testador con el principio de mantener la riqueza dentro de la familia.

En primer lugar, hay que señalar que las herencias, por regla general, se encuentran divididas en tres partes: el tercio de legítima estricta, el tercio de mejora y el tercio de libre disposición.

Ahora bien, ¿cómo podemos definir la llamada legítima estricta? Es aquella parte de la herencia que debe destinarse, por imperativo legal, a ciertas personas, conocidas como herederos forzosos. Se encuentra regulada en nuestro Código Civil, concretamente en el artículo 806.

Los herederos forzosos serían los destinatarios de esta legítima, aquellas personas designadas por el Código Civil para recibir imperativamente una parte de la herencia. Si se ha omitido a uno de ellos, ya sea de forma voluntaria o involuntaria, en el testamento, su legítima procederá a ser restada de la del resto de los herederos forzosos. Además, todo heredero forzoso está capacitado para reclamar ante los juzgados la parte que le corresponde por ley.

El Código Civil establece un orden de prioridad de herederos forzosos, es decir, existiendo unos no heredarán otros. Dicho orden, que se puede encontrar en el artículo 807 de dicho cuerpo legal, es el siguiente:

  • Los hijos y descendientes respecto de sus padres y ascendientes. En este sentido, resulta completamente indiferente que los hijos o nietos lo sean por adopción o por consanguineidad. Además, no se establece ningún tipo de diferencia entre aquellos hijos que provengan del matrimonio del causante, es decir, el testador, y aquellos otros hijos provenientes de relaciones extramatrimoniales.
  • Si no existen hijos, pasarán a ser herederos forzosos los padres y ascendientes respecto de sus hijos y descendientes.
  • El cónyuge supérstite, es decir, el viudo. El derecho de legítima de éste es especial, puesto que no es una porción de la herencia como tal sino el derecho de usufructo de una parte concreta. Además, hay que señalar que para que se tenga ese derecho el cónyuge no puede estar separado legalmente o separado de hecho. Se considera separación de hecho cuando los cónyuges viven de forma separada y totalmente independiente. Si los cónyuges separados se hubiesen reconciliado en los juzgados que conocieron de su separación, el viudo conservará sus derechos.

En todo caso, se preferirá siempre a los de grado más próximo que a los de más lejano. Es decir, los hijos antes que los nietos y los padres antes que los abuelos.

La legítima es irrenunciable mientras el testador se encuentre con vida. Cualquier tipo de renuncia será considerada nula y, por lo tanto, carecerá de validez legal. En cambio, una vez fallecido el causante de la herencia, se podrá producir la renuncia de la parte que corresponda en legítima, siempre que la misma sea clara, rotunda y explícita.

El testador no podrá imponer sobre la legítima de sus herederos forzosos ningún tipo de gravamen ni condición o sustitución, excepto el derecho legítimo de usufructo que tiene el cónyuge supérstite.

La única forma de que un heredero forzoso no reciba su legítima es que se produzca una desheredación, por las causas que se encuentran tasadas en nuestro Código Civil y que deberán ser recogidas en el propio testamento. Algunas de las causas que permiten proceder a la desheredación de los herederos forzosos, entre otras, serían las siguientes:

  • En el caso de los hijos y descendientes, haber negado los alimentos o haber maltratado al causante.
  • En el caso de los padres y ascendientes, haber prostituido a sus hijos o haber perdido la patria potestad.
  • En caso del cónyuge viudo, haber incumplido los deberes conyugales de forma grave o reiterada o haber atentado contra la vida del otro cónyuge sin mediar reconciliación.

En cuanto a la porción de legítima que, concretamente, corresponde a cada uno de los herederos forzosos según el siguiente orden:

  1. Los hijos y ascendientes tienen derecho a dos terceras partes del haber hereditario, en partes iguales. Además, si el testador ha utilizado el tercio de mejora para favorecer a alguno o algunos de ellos, la legítima se compondría de un solo tercio de legítima estricta, pues el otro tercio, de mejora, beneficiaría a los señalados. El tercio de mejora solo se puede aplicar a los hijos o descendientes, en ningún caso se puede mejorar a una ascendiente. Si alguno de los hijos o descendientes a los que correspondía la legítima hubiese fallecido antes, sus propios descendientes tendrán el mismo derecho que a él le hubiera correspondido.
  2. En cuanto a padres y ascendientes, tal y como señala nuestro Código Civil en su artículo 809, les corresponderá la mitad del haber hereditario. Esta regla general tiene una importante excepción, puesto que, si concurren en la herencia con el cónyuge supérstite no separado legalmente o de hecho, su legítima se reducirá a un tercio del haber hereditario. La legítima de los ascendientes se divide en tantas personas como sean. De esta forma, si concurren los dos padres, se dividirá en partes iguales entre los mismos. En caso de carecer de progenitores, la legítima correspondería a los ascendientes de grado superior, es decir, los abuelos, dividiéndose también en partes iguales. Si alguno de los herederos forzosos hubiera fallecido con anterioridad al causante, la legítima corresponderá en ese caso en su totalidad al que hubiera sobrevivido.
  3. El cónyuge supérstite, es decir, el viudo o viuda. Como ya hemos señalado al principio, el cónyuge tiene reconocido un derecho de usufructo sobre cierta parte de la herencia, siempre y en todo caso. Lo que puede modificarse es dicha porción de la herencia sobre la que se establece el usufructo que dependerá de con quienes concurra el viudo en la herencia de su cónyuge fallecido. De esta manera:
  • Si la legítima de la herencia corresponde a los hijos, tendrá derecho al usufructo del tercio de mejora. En caso de que los hijos no sean comunes con su marido, el cónyuge podrá elegir que su usufructo sea satisfecho o bien en un capital en dinero o bien mediante un lote de bienes hereditarios.
  • Si la legítima corresponde a los ascendientes, el viudo tendrá derecho al usufructo de la mitad de la herencia.
  • Si no existen descendientes ni ascendientes, tendrá derecho al usufructo de dos tercios de la herencia.

Respecto al valor que se ha de tener en cuenta para calcular la legítima, será el de los bienes cuando se produce la adjudicación de los mismos, no el momento del fallecimiento del causante. A su vez, se procederá a deducir de dicho importe todas las cargas y gravámenes que tenga la herencia.

Por lo tanto, la autonomía de voluntad del testador queda reducida al ya citado tercio de libre disposición, cuya cuantía puede destinar al testador a las personas que crea más conveniente.

Si tiene cualquier tipo de consulta al respecto, nos ponemos a su disposición. Contacte con nosotros.