Albacea es aquella persona que se nombra para dar cumplimiento o ejecución a la última voluntad de una persona, constituyendo esa última voluntad lo que se conoce como testamento. El nombramiento de un albacea priva a los herederos, que serían los encargados de llevar a buen puerto lo deseado por el testador antes de su fallecimiento, de algunas de las facultades que les pertenecen en el caso de que el testador fallezca sin nombrar albacea, facultades que se transmiten a éste.

Hay otras figuras que aparecen en la ejecución de un testamento, pero que no son exactamente albaceas. Tal es el caso de los administradores de herencia o contadores-partidores, que tienen como cometido simplemente ejecutar las operaciones particionales. A pesar de ello, un albacea puede actuar como contador-partidor y realizar dichas operaciones, siempre que se le haya facultado para llevarlas a cabo, y seguir siendo albacea.

La existencia de esta figura se basa en la relación de confianza existente entre el testador y la persona que nombra como albacea, que le hace propicio para cumplir la última voluntad de éste. Esta relación de confianza es la que ha hecho que parte de la doctrina considere a la figura como una especie de mandato, aunque sus características no son del todo coincidentes con las de dicha figura. Aunque es cierto que la jurisprudencia admite la utilización de la regulación del contrato de mandato para cubrir las lagunas que pudiera presentar la regulación del albaceazgo.

Albacea podrán ser todas aquellas personas que posean la plena capacidad de obrar. En contraposición, no podrán ocupar este cargo los menores de edad ni los incapacitados. Además, se ha admitido que este cargo pueda ser llevado a cabo por personas jurídicas.

Hay varios tipos de albaceazgo, pues éstos pueden ser:

  • Uno solo o varios. En el caso de que se nombren varias personas para llevar a cabo el cargo de albacea, pueden ser nombrados de forma sucesiva o conjunta y en este último caso, solidaria o mancomunadamente. Sucesivos serán si se ha nombrado uno y en caso de que dicha persona nombrada en primer lugar no pueda o no quiera acceder al cargo, el nombramiento pasaría a otra persona, y así sucesivamente. En el caso de que sea un nombramiento conjunto, la solidaridad deberá ser establecida claramente por el propio testador. Si no se ha dispuesto así, se considerará que el nombramiento ha sido mancomunado.
  • Universales o particulares. Será albacea universal aquel al que se ha atribuido el cumplimiento de toda la voluntad testamentaria. En cambio, será albacea particular aquel para el que se ha señalado tan solo una función concreta o limitada, o una misión particular.
  • Voluntarios, legítimos y dativos. Voluntarios serían aquellos nombrados por el propio testador. Legítimos serán aquellos que se ocupan de ejecutar la voluntad testamentaria cuando el testador no ha establecido ningún albacea, es decir, los herederos. Dativos son aquellos que han sido nombrados por la autoridad judicial, cuando la ley lo permita.

Las características principales del albaceazgo son que es un cargo voluntario, gratuito, personalísimo y temporal. En primer lugar, es un cargo voluntario porque expresamente lo establece el artículo 898 del Código Civil, al decir que el albacea no tiene ninguna obligación de aceptar el cargo. El albacea podrá aceptar tanto expresa como tácitamente. Se considera aceptación tácita si el nombrado no se excusa del cargo en un periodo de seis días desde el conocimiento del nombramiento o, si ya conocía la situación antes de la muerte del testador, dentro de los seis días desde que conoció dicho fallecimiento. Hay que tener en cuenta que, si el testador le hubiera dejado algo en su testamento, lo perdería si no justificase justamente la razón por la que rechaza el cargo. Esto último no se aplicaría en el caso de que la persona nombrada como albacea tuviera derecho a la legítima, en lo que abarque ésta.

En segundo lugar, es un cargo gratuito, salvo que el propio testador haya señalado en su testamento algún tipo de remuneración. Si bien es cierto que el propio Código Civil habilita al albacea para exigir lo que le corresponda como contador-partidor, en el caso de que haya realizado la partición o alguna función facultativa. Por otro lado, la jurisprudencia ha señalado que se podrán solicitar todos los gastos que se hayan debido sufrir para poder cumplir con sus obligaciones.

Además, se trata de un cargo personalísimo, característica que se deriva de la relación de confianza que se presume existente entre albacea y testador. Esto tiene la consecuencia principal de que el albacea no podrá dejar su cargo en manos de una tercera persona, aunque sí está facultado para delegar ciertas funciones en personas especializadas, siempre que mantenga en su poder la gestión y se responsabilice de los resultados. A pesar de lo dicho, el propio testador puede establecer en su última voluntad que el albacea pueda ceder parte o todas sus funciones a un tercero, autorizando a éste para que transmita su cargo. En caso de que el albacea hubiera fallecido, no se podrá de ninguna manera delegar el cargo mortis causa.

Por último, se trata de un cargo temporal, pues la voluntad del testador debe ser ejecutada, no dejada indefinidamente pendiente en el tiempo. De esta manera, se establece un plazo para cumplir con la voluntad del testador, que se puede encontrar en los artículos 904 a 906 del Código Civil. Si el testador no ha fijado ningún plazo, contará con un año desde la aceptación o desde que terminen los litigios que se hayan abierto sobre la validez o nulidad del testamento o sus disposiciones. El testador, además, podrá ampliar el plazo legal estableciendo una prórroga. Si no lo hizo, se entiende prorrogado por un año y, si una vez pasado el año no se ha cumplido la voluntad, el Secretario Judicial o el Notario podrán conceder una prórroga por el tiempo que consideren necesario. Los herederos, junto con los legatarios, pueden de común acuerdo también prorrogar el albaceazgo por el tiempo que consideren necesario. Si el acuerdo se consiguió tan solo con mayoría, el plazo de la prórroga no podrá ir más allá de un año.

Las facultades de las que dispone el albacea son, principalmente, todas aquellas que el testador disponga en su testamento. Pero, si el testador no ha dispuesto nada en este sentido, se le atribuyen unas facultades legales, que son las siguientes:

  • Disponer y pagar los sufragios y el funeral. Si el testador no ha dispuesto como quiere que se gaga, se hará conforme a la costumbre del pueblo.
  • Satisfacer aquellos legados que consistan en metálico, con el beneplácito y el consentimiento de los herederos.
  • Vigilar la ejecución de todo lo ordenado en el testamento y defender el mismo en juicio y fuera de él.
  • Tomar todas las precauciones que sean necesarias para que se conserven y custodien los bienes, interviniendo los herederos.
  • Si en la herencia no hay suficiente dinero para pagar los funerales y legados y los herederos no lo aportan, podrá promover la venta de bienes muebles y, si con ellos no es suficiente, de los inmuebles, con la intervención de los herederos.

Sobre el albacea también recae una prohibición, pues no podrán, según establece el artículo 1459 del Código Civil, comprar, aunque sea en una subasta pública o judicial, o aunque lleve a cabo dicha compra mediante la interposición de un tercero, ninguno de los bienes que le hayan sido confiados. Una vez que deje el cargo, la prohibición se extingue con él. Además, el albacea tendrá la responsabilidad que se derive de aquellos actos dolosos o negligentes.

Por último, en cuanto a la extinción, se termina el albaceazgo por muerte, imposibilidad, renuncia o remoción, y por el transcurso del plazo señalado y sus posibles prórrogas, tal y como señala el artículo 910 del Código Civil. Los albaceas deberán rendir cuentas de su encargo a los herederos, siendo el medio más adecuado para ello la práctica de la partición.