Aceptar una herencia puede suponer, en un momento anímico frágil, un varapalo económico. En nuestro ordenamiento jurídico, al aceptar una herencia, se adquieren no solo los bienes o derechos del fallecido, sino también todas sus deudas y cargas, tal y como establece el artículo 1003 CC. Además, el hecho de aceptar una herencia supone que el propio patrimonio del heredero podría verse afectado, si el caudal hereditario no es suficiente para atender a todas esas cargas. Pero, ante esto, nuestro Código Civil nos aporta una solución: el beneficio de inventario.

El artículo 998 de nuestro Código Civil recoge esta figura de la aceptación a beneficio de inventario. Si el heredero recela de que los bienes que se contienen en la herencia son suficientes para atender a todas las deudas y cargas del finado, puede solicitar este instrumento, cuyo fin es separar los dos patrimonios para que el del heredero no resulte afectado.

Además, la aceptación a beneficio de inventario es siempre una posibilidad. No cabe que el fallecido, en sus disposiciones testamentarias, hubiera vedado a su heredero la posibilidad de realizarlo. Toda cláusula introducida en este sentido se tiene que considerar nula. Por ello, se puede decir que la aceptación a beneficio de inventario es una facultad que posee el heredero en todo caso, sin que su causante pueda negarle su ejercicio.

Por lo tanto, la finalidad principal de este beneficio de inventario sería que los patrimonios del heredero, por un lado, y del causante, por el otro, no se confundieran, que es lo que suele suceder cuando se acepta una herencia sin establecer este beneficio. Al estar ambos patrimonios separados, todas las deudas del finado se cargarían al patrimonio que ha dejado el causante, y el propio patrimonio del heredero no se vería afectado. Solo se responderá con lo que se haya recibido en la herencia, nada más, igual que sucede como regla general con los legatarios. Por ejemplo, si Antonio fallece dejando a su hijo Luis unos bienes valorados en 50.000 euros y unas deudas de 120.000, si Luis acepta a beneficio de inventario, la misma solo se pagaría con los bienes hereditarios, y el resto, es decir, 70.000 euros, no podrían llegar a afectar a sus propios bienes.

Existe un debate doctrinal sobre el beneficio de inventario, pues muchos autores consideran que la separación de patrimonios debería ser la regla general, y no al contrario. Dicha interpretación se sustenta en el hecho de que los acreedores del fallecido se verían beneficiados por la muerte de éste, y aumentaría por tanto su solvencia, al pasar de responder tan solo un patrimonio, el del finado, a hacerlo también el de su sucesor.

La propia ley establece determinados casos en los que el beneficio de inventario opera ex lege, es decir, sin tener que solicitarlo ni ejercerlo por parte del heredero. Serían los siguientes supuestos:

  • Si el heredero es un menor sujeto a tutela y el tutor acepta la herencia sin haber recibido autorización judicial.
  • Si el heredero es un menor sujeto a patria potestad y sus padres hubieran aceptado la herencia una vez denegada la autorización judicial.
  • Si los herederos son los “pobres”.
  • Si, debido a la ausencia de herederos posibles, es el Estado, o más concretamente hoy día las Comunidades Autónomas, quien hereda.
  • Si la aceptación de la herencia la realiza una fundación.
  • Si el heredero reclama una herencia que se encontraba en posesión de un tercero durante más de un año, pues la ley establece que no deberá realizar el inventario, solo responderá de las cargas con los bienes hereditarios.

En cualquier otro caso, el beneficio de inventario, al contrario que la aceptación pura y simple que incluso puede realizarse de forma tácita al disponer de los bienes hereditarios, necesita ser formalizado expresamente y de manera solemne. Estas formalidades deberán realizarse ante Notario o, si el heredero se encuentra fuera de España, ante el agente diplomático o consular de nuestro país que esté habilitado para realizar funciones de Notario en tal lugar extranjero.

El Notario que resulta competente para poder hacer la declaración sería, en primer lugar, el de la residencia del fallecido o donde tuviera la mayor parte de sus bienes, o el lugar de su fallecimiento siempre que esté dentro de territorio español, a elección del heredero. También se podrá escoger un Notario de los distritos colindantes a los anteriormente mencionados. En defecto de ellos, se considerará Notario competente el del domicilio del heredero solicitante.

Existen determinados plazos temporales que se deben cumplir para que la declaración sea válida, plazos que se consideran de caducidad. El plazo general será de treinta días desde que supiese que era heredero, siempre que estuviese en posesión de los bienes hereditarios. Si dichos bienes no se encuentran en su poder, el plazo será desde que expire el plazo que a el heredero fue concedido por el Notario para aceptar o repudiar la herencia (plazo de máximo 30 días) o desde la aceptación, pues el beneficio de inventario también puede solicitarse una vez aceptada la herencia. Esta aceptación puede ser tanto expresa como tácita, tal y como ya hemos señalado anteriormente. Si no se produce ninguna de estas situaciones, se podrá realizar mientras no prescriba la acción de petición de herencia, que la mayoría de la doctrina sitúa en los 30 años.

El siguiente requisito para poder beneficiarse de esta facultad será que se inventaríen los bienes, de forma exacta y fiel. Se deberán citar a los acreedores del fallecido y a aquellas personas a las que éste hubiera adjudicado un legado, que podrán comparecer si lo desean. Si el heredero, de mala fe, no incluye en el inventario cualquier concepto, perderá el beneficio de inventario. El plazo para iniciar el inventario será de 30 días tras citar a acreedores y legatarios, y 60 días posteriores, prorrogables hasta un máximo de un año. Hasta que se paguen, con los bienes de la herencia, a los acreedores y legatarios, el caudal relicto permanecerá como un patrimonio en administración.

Como consecuencias principales de este tipo de aceptación:

  • La principal, que el heredero solo tendrá que pagar las deudas y cargas con los bienes que le han sido adjudicados por herencia, como ya hemos reiterado.
  • Además, el heredero conservará todas las acciones y derechos que tenía contra su causante, por ejemplo, un crédito.
  • Ambos patrimonios permanecen separados, sin confusión alguna, para todo tipo de efectos.