El testamento es el instrumento que nos proporciona el ordenamiento jurídico para dejar clara nuestra última voluntad, con el fin de que sea respetada una vez que se produzca nuestro fallecimiento. El artículo 667 de nuestro Código Civil define el testamento como el acto por el cual una persona dispone para después de su muerte de todos sus bienes o de una parte de ellos.

¿Quién puede otorgar testamento? Pues, como regla general, todos aquellos que sean mayores de 14 años, aunque hay una excepción con respecto al testamento ológrafo, y que se encuentren en su cabal juicio. Aunque hay que tener en cuenta que el artículo 664 del Código Civil establece que aquel testamento que se haya realizado antes de la enajenación mental, ya sea ésta habitual o accidental, se considerará como válido. El momento en el que se valora si la persona es capaz o no de otorgar el testamento es en el momento en que se otorgue éste.

Una regla importante en nuestro derecho común, que no pasa en algunos derechos forales, como el de Galicia, es que está terminantemente prohibido realizar un testamento mancomunado, que es el que se hace en conjunto por dos personas.

Asimismo, se considerará nulo todo aquel testamento que haya sido otorgado mediando violencia, dolo o fraude. Además, aquella persona que haya impedido mediante dolo, fraude o violencia a otra hacer testamento, además de poder recaer sobre él responsabilidad penal, quedará privado de todo el derecho que pudiera tener a la herencia.

La clasificación de los testamentos la encontramos en el artículo 676 del Código Civil, que divide los testamentos en comunes y especiales. Dentro de los comunes, tendríamos el testamento ológrafo, el abierto y el cerrado. Por otro lado, dentro de los testamentos especiales, el militar, el marítimo y el hecho en país extranjero.

  • El testamento ológrafo

Es aquel que, según dice el artículo 678 del Código Civil, se escribe de puño y letra por el testador, siguiendo unos determinados requisitos. Este testamento supone una excepción a la regla general de capacidad, pues solo puede ser otorgado por mayores de edad, es decir, por aquellas personas que hayan cumplido los 18 años.

Este testamento, para que pueda considerarse válido, debe estar escrito de puño y letra por la persona que testa. Es decir, no vale que esté escrito a máquina ni que se deje en cualquier otro formato, ni dejar que lo escriba un tercero, sino que debe ser el testador mismo quien lo escriba. Además, debe ir firmado por él y se deberá expresar la fecha, con el año, el mes y el día en que se ha realizado el otorgamiento.

Estos testamentos se han de protocolizar. ¿Qué significa protocolizar? Pues no es otra cosa que incorporar un documento al protocolo notarial. Esta protocolización debe realizarse en los cinco años siguientes al fallecimiento y ante un notario, que deberá extender un acta de protocolización. Aquella persona que posea uno de estos testamentos deberá presentarlo ante el notario que sea competente en los diez días siguientes a que se entere del fallecimiento del testador. En caso contrario, se le hará responsable por daños y perjuicios.

Una vez que se ha presentado, debe ser adverado y se debe acreditar que el autor es, efectivamente, el testador. Para ello se atenderá a su tipo de letra, a sus expresiones, etc. Una vez adverado, se autoriza el acta de protocolización. Si no se acredita que el autor fuera el testador, se archivará el expediente, sin protocolizar.

  • Testamento abierto

Según el artículo 679, el testamento abierto es aquel que se expresa en la presencia de aquellas personas que tienen la capacidad de autorizar dicho acto. Esta persona competente será el notario hábil en el lugar de otorgamiento, salvo el caso del testamento in articulo mortis, que es un caso especial.

En este tipo de testamento, la persona que va a testar expresa, ya sea oralmente, ya sea por escrito, su última voluntad al notario. Después. Éste deberá redactar un testamento según esas instrucciones recibidas. Una vez redactado, el testador lo leerá, por sí mismo, o lo leerá el mismo notario a viva voz. Si el testador considera que sus instrucciones y su última voluntad han quedado suficientemente plasmadas en el escrito, lo firmará por sí mismo o por uno de los testigos que deben acudir en el caso de que no sepa cómo firmas.

Por regla general, para otorgar este testamento no se requiere la presencia de testigos, pero sí deberán concurrir, concretamente dos, si el testador no sabe o no puede firmar, si es ciego o no sabe o puede leer o si el testador o el notario solicitan su presencia.

El artículo 700 es el que da cabida al testamento denominado como in articulo mortis. Este testamento se utiliza cuando, por algún peligro mortal inminente, es imposible encontrar un notario. En dicho caso, no se precisará de la asistencia del mismo, aunque deberán concurrir cinco testigos para que se pueda considerar como válidamente otorgado.

  • El testamento cerrado

Se encuentra definido en el artículo 680, que dice que será aquel en el que el testador declara que su última voluntad se encuentra contenida en un pliego, sin revelar cuál es dicha voluntad. Este testamento debe ser necesariamente escrito.

Al contrario que lo que ocurría con el testamento ológrafo, este tipo de testamento puede realizarse por cualquier medio mecánico o, también, de puño y letra del testador. En el primer caso, se deberá firmar en todas sus hojas y al pie. En el segundo, es decir, si lo escribe el propio testador, valdrá con que se firme al final.

Además, se deben cumplir ciertas formalidades que se relatan en el artículo 707 del Código Civil. Si no se cumplen las formalidades exigidas pero el testamento ha sido redactado por el propio testador, a mano, podrá servir como testamento ológrafo.

Las personas ciegas y aquellas que no puedan o no sepan leer no pueden otorgar este tipo de testamento, aunque sí podrán otorgarlo aquellas personas que no puedan expresarse verbalmente, siempre que se respeten unas formalidades especiales contenidas en el artículo 709 del Código Civil.

  • Los testamentos especiales

Los testamentos especiales. tienen una extensa regulación en el Código Civil, del artículo 716 al 736. Básicamente, son tres: el militar, el marítimo y el otorgado en país extranjero.

El militar es aquel que se otorga en situaciones de guerra o de movilización del ejército, y se otorga, por regla general, ante un oficial que tenga al menos el rango de Capitán. Este testamento caducará una vez pasados cuatro meses desde el fin de la campaña bélica. Dentro de éste también existe un testamento para situaciones de peligro inminente, que se otorgará tan solo ante dos testigos y que dejará de tener eficacia si se sobrevive al peligro.

El marítimo se otorga cuando se está en cualquier tipo de viaje marítimo, ya sea comercial o militar. En el primer caso, se otorga ante el capitán y, en el primero, ante el comandante. Es necesario, además, que concurran dos testigos de entre los pasajeros. Caducan a los cuatro meses desde el desembarco y existe también una variante similar al de peligro de muerte, para caso de naufragio.

Finalmente, el testamento realizado en país extranjero, deberá seguir las normas del país de otorgamiento, aunque con especialidades. En el derecho común, el testamento otorgado en país extranjero podrá ser siempre y en todo caso ológrafo, aunque en el país del otorgamiento dicho testamento estuviera prohibido y en ningún caso podrá ser mancomunado, aunque las leyes del país en cuestión lo permitan.